jueves, 28 de octubre de 2010
Y se hizo la luz.
a Esaú
La vida IluminadaEverything is Illuminated
Dir. Liev Schreiber

Coleccionar objetos es un hábito terrible; obsesiona, ciega, vuelve materialista a la persona, lo mete en una maraña autoconstruida de la que queda preso.
Cuando coleccionamos estamos abriendo nuestra personalidad, anunciamos a gritos que nos atrae algo, que nos mueve, que somos sensibles a lo material.
Si cuando llega la muerte no nos llevamos nada, ¿Para qué sirvió el desgaste físico, emocional y monetario por coleccionar? Los objetos se quedarán ahí, para alguien más, y en determinado momento ni siquiera hablarán de nosotros, sino por si mismos, por el valor que le dimos.
Por otra parte, coleccionar recuerdos es dogma de fé. La esperanza de la existencia de un cielo nos habla de una preocupación por mantener los recuerdos ¿Podremos tomar conciencia en el más allá de lo que hicimos acá en la tierra? Si los científicos no pueden comprobar que exista una vida espiritual después de la muerte entonces tampoco pueden desmentirla, de ahí nos agarramos algunos para suponer que ganaremos una especia de omnipresencia y nueva existencia, entonces entenderíamos las cosas que pasaron, las que pasarán y las que pudieran haber pasado, pero ¿y si no?
Jonathan (Elijah Wood), el personaje principal de La Vida Iluminada, no está seguro de lo que hay al morir, necesita sus lentes de fondo de botella para ver más allá de lo palpable. Por eso guarda los objetos en momentos insospechados o comunes como si fuera a perder los recuerdos. Lo que le consta es lo que tiene, lo que toca.
En el viaje que hace a Europa, el joven judío norteamericano, quiere entender un recuerdo de su abuelo para tenerlo para siempre. Sin embargo parece que el paso del tiempo ha puesto todo en contra para que consiga su objetivo.
La película tiene una actuación excepcional del actor distinto que es Elija Wood, es un filme atípico norteamericano que guiñe al cine europeo, se quiere parecer a Amelié pero no consigue la calidad de obra maestra contemporánea francesa.
Vale por la historia, por el enganche que hacemos con los personajes, vale por ver en qué momento se ilumina la vida del personaje, en qué momento le corre la sangre.
La única esperanza que tenemos es que se haga la luz al final del camino para que el personaje principal sobreviva a su maraña de miedos y recuerdos. Que la iluminación lo guie, que el camino sea más claro en la certeza y en la fe. Dichoso Jonathan por encontrar la luz.
En la raya: Deben verse algunos títulos olvidados de la filmografía de Elijah Wood, especialmente Hooligans, Radio Flyer, La Tormenta de Hielo y The Faculty (Aulas Peligrosas)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
