Tenemos que Hablar de Kevin
We need to talk about Kevin
Dir. Linne Ramsey
E.U.A - Inglaterra
112 minutos
Kevin
es un desgraciado. Un arrogante, grosero y malintencionado. Es una mala persona,
es un monstruo. Es un pinche problemón.
Su
madre vive preguntándose qué hizo mal, por qué él es así. Parece que ella está
negada para entablar una conversación con su hijo y sus intentos de
acercamiento se convierten en anécdotas terribles que retan al mas entusiasta
de los autores motivacionales.
Desde
la edad temprana, hasta la adolescencia, Kevin ha desesperado a su madre y
enorgullecido a su padre, creando entre ellos, los padres, una tensa relación
al respecto de la dureza en que su hijo se desenvuelve, en como les habla y
hasta como se construye como individuo.
En una
narrativa en varios tiempos, la película nos cuenta el proceso mental de Eva (Tilda
Swinton), la madre en cuestión, al ahora encontrarse sola, inmersa en una
profunda depresión y siendo brutalmente juzgada por el entorno en que vive dadas
las acciones que terminaría haciendo su vástago.
Aunque
pretenciosa y difícil en su forma,
Tenemos que hablar de Kevin destaca por el modo in crescendo que intriga al espectador por conocer los terribles
acontecimientos que llevan a la madre a la miserable existencia en que está
sumergida ahora.
¿De quién
es la culpa? En el gran panorama de las cosas, la directora y el guión plantean
que todo tiene que ver, que se trata de la terrible combinación de químicos que
producen la bomba atómica en que se convierte Kevin.
Es un
filme brutal en su contenido, que restrega en la cara ciertas consecuencias de
la generación que obedece a los hijos, aquellos padres que no saben dónde o
cómo parar. Es un filme que arremete contra los que no reconocen que ser padre
puede ser un infierno y que más que nunca hay que comprender el peso que
significa la expresión que asegura que los hijos son el reflejo de los padres.
La
historia nos habla sobre el compromiso gigante de la paternidad y la
responsabilidad, querida o no, que tienen los padres hacia los hijos. En ese
entendido, porque obviamente escribir más significaría revelar la trama y echar
a perder la película, creame: Kevin hizo algo terrible.
En la raya: Ya se ha hablado mucho de la impecable
actuación de Tilda Swinton, pero cabe también resaltar la dirección de actores
y la actuación de Ezra Miller, el Kevin adolescente. Entonces hay que sumarle
al Oscar 2012 estas tres ausencias.


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