jueves, 24 de marzo de 2011

Benditas excepciones

“No se que esperaba de ti
Al final no somos tan diferentes
De que crees que quieres huir
Tal vez sea la única que te entiende
Créeme solo te quería proteger
Pues tal vez la vida es veneno con miel”



Quemar las naves
Dir. Francisco Franco-Alba
México 2007


Para los críticos más voraces, el cine mexicano sufre de 3 males: los guiones no son sólidos, no existe un star system capaz de llevar público a las salas y la distribución de los filmes es pobre o nula.

Quemar las naves de Francisco Franco, es la excepción que confirma la creencia pues arremete contra estas suposiciones exponiendo las oportunidades que tiene el cine nacional manteniéndose auténtico y alejado de las fórmulas hollywoodenses.

Quién necesita un guion estructurado con técnica depurada, cuando con dos personajes echan en cara la crueldad de envenenar con miel. Cuando la sencilla y a la vez complejísima historia de dos hermanos ermitaños que cuidan a su madre enferma explora el terrible hecho de ser obligado a ser adulto cuando se es muy joven.

Quién chingados quiere un actor taquillero que con una pose y una buena puesta en cámara haga suspirar a la audiencia y esta se convenza de que ya ha valido el costo del boleto, quién necesita eso cuando una bella y natural Irene Azuela destroza el alma del público en una comunicación única y memorable desde los ojos del espectador en su butaca hasta la soledad de la inmensa casa en la que se desarrolla la mayor parte de la historia.

Quién necesita de una distribución con cientos de copias en las salas, si el cine de culto tiene el gran mérito de ser recomendado a través del tiempo. El cine mexicano no ha logrado en muchos casos cumplir con el reto más grande de todos, la recomendación de boca en boca, terminar la proyección y salir con ganas de hablar del filme. En este caso amerita rentar una avioneta y colgarle un letrero gigante que diga ¡Debe verse! mientras en un altavoz suenen los maravillosos temas de Julieta Venegas y el score de Joselo Rangel.

Con esta calidad de filme, vale la pena, como el conquistador Hernán Cortes, encender fuego a los barcos para no querer regresar, que la retirada no sea opción, forzar a los realizadores mexicanos a mantenerse de esta forma, siempre adelante, arriesgando.

Así sea.

No hay comentarios:

Publicar un comentario