
Ni una palabra
Dont Say a Word
Dir. Gary Fleder
2001
Era una actriz con un rostro que reflejaba ternura y a la vez compasión, su voz entre dulce y lastimosa, su cuerpo delgado y atractivo la colocaban perfecto como una protagonista distinta, identificable por su belleza indiscutible capaz de convertir algo tan extraño como sus naturales ojeras en un extremadamente sexy elemento. Brittany Murphy, que falleció en diciembre de 2009 a los 32 años, era única en la pantalla. Su carrera fue de la comedia simplona de Recién Casados a la joya de culto Sin City pasando por la cinta semi biográfica del rapero Eminem, 8 millas.
Su filmografía se asemeja en dos cosas a la del multipremiado y también extinto Heath Ledger: se mantuvo siempre al margen participando en proyectos más bien independientes y su figura camaleónica se paseó por diferentes géneros.
En el caso de Brittany, sus actuaciones, para ser honestos, nunca destacaron demasiado; sin embargo su principal aportación en el séptimo arte es la fuerza de sus ojos, nunca más claro aquello que dice que la clave del cine son las miradas de los personajes.
Ni Una Palabra es la oportunidad de ver uno de sus mejores trabajos y entender porqué su imagen física, distinta, era infinitamente multifacética; podía actuar como torpe niña rica y convertirse en una bomba sexy en la siguiente película.
Para este filme el reto era otro. Es la historia de un psiquiatra (Michael Douglas), padre de familia, que se enfrenta a un grupo de criminales que tienen secuestrada a su hija a cambio de que pueda obtener información fundamental de una agresiva interna de un hospital psiquiátrico (Murphy).
Buen villano Sean Bean, absurdo rol de la policía Jennifer Esposito. Famke Janssen lejos de la Jean Grey de X Men y postrada en una cama con la pierna rota en el más claro referente a Hitchcook y la ventana indiscreta
En época de lluvias vale rentar la película, quedarse en casa, que afuera se acabe el mundo, ver a Michael Douglas haciendo de él mismo, y verla a ella, la inquietante chica de los ojos intimidantes detrás de las ojeras.
Lo bueno de morir joven, es que la imagen se mantiene intacta. Hay que ver sus filmes y despedirla administradamente, poco a poco.

En la raya: Cuando Alfred Hitchcook comenzó a experimentar en cómo colocar la cámara y aprovechar los elementos para que el espectador se mantenga al borde del asiento, no estaba conciente de que preparaba una base para otros realizadores, simplemente le funcionaba para contar mejor sus historias. Vinieron generaciones y generaciones de alumnos empíricos qué, emulando al gran director, hicieron y perfeccionaron en muchos casos al genero gracias a nuevos elementos (celulares, Internet), así el thriller no tiene fin. ¡Viva el cachetón y su silueta!
Dont Say a Word
Dir. Gary Fleder
2001
Era una actriz con un rostro que reflejaba ternura y a la vez compasión, su voz entre dulce y lastimosa, su cuerpo delgado y atractivo la colocaban perfecto como una protagonista distinta, identificable por su belleza indiscutible capaz de convertir algo tan extraño como sus naturales ojeras en un extremadamente sexy elemento. Brittany Murphy, que falleció en diciembre de 2009 a los 32 años, era única en la pantalla. Su carrera fue de la comedia simplona de Recién Casados a la joya de culto Sin City pasando por la cinta semi biográfica del rapero Eminem, 8 millas.
Su filmografía se asemeja en dos cosas a la del multipremiado y también extinto Heath Ledger: se mantuvo siempre al margen participando en proyectos más bien independientes y su figura camaleónica se paseó por diferentes géneros.
En el caso de Brittany, sus actuaciones, para ser honestos, nunca destacaron demasiado; sin embargo su principal aportación en el séptimo arte es la fuerza de sus ojos, nunca más claro aquello que dice que la clave del cine son las miradas de los personajes.
Ni Una Palabra es la oportunidad de ver uno de sus mejores trabajos y entender porqué su imagen física, distinta, era infinitamente multifacética; podía actuar como torpe niña rica y convertirse en una bomba sexy en la siguiente película.
Para este filme el reto era otro. Es la historia de un psiquiatra (Michael Douglas), padre de familia, que se enfrenta a un grupo de criminales que tienen secuestrada a su hija a cambio de que pueda obtener información fundamental de una agresiva interna de un hospital psiquiátrico (Murphy).
Buen villano Sean Bean, absurdo rol de la policía Jennifer Esposito. Famke Janssen lejos de la Jean Grey de X Men y postrada en una cama con la pierna rota en el más claro referente a Hitchcook y la ventana indiscreta
En época de lluvias vale rentar la película, quedarse en casa, que afuera se acabe el mundo, ver a Michael Douglas haciendo de él mismo, y verla a ella, la inquietante chica de los ojos intimidantes detrás de las ojeras.
Lo bueno de morir joven, es que la imagen se mantiene intacta. Hay que ver sus filmes y despedirla administradamente, poco a poco.

En la raya: Cuando Alfred Hitchcook comenzó a experimentar en cómo colocar la cámara y aprovechar los elementos para que el espectador se mantenga al borde del asiento, no estaba conciente de que preparaba una base para otros realizadores, simplemente le funcionaba para contar mejor sus historias. Vinieron generaciones y generaciones de alumnos empíricos qué, emulando al gran director, hicieron y perfeccionaron en muchos casos al genero gracias a nuevos elementos (celulares, Internet), así el thriller no tiene fin. ¡Viva el cachetón y su silueta!

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